La causa del maltrato infantil podría estar en los padres maltratados previamente

Alice Miller

Juan M. Comas

La búsqueda de las causas del maltrato infantil y de la violencia en general podrían ser explicadas, según algunos psicólogos, si analizáramos la biografía de los padres de esos niños. Muchos de ellos fueron, a su vez, víctimas de sus propios progenitores cuando todavía eran niños. Ahora, ya de adultos, repiten el compartimiento que vieron en casa y se resarcen, y de forma inconsciente, con sus hijos del dolor y el sufrimiento que sufrieron entonces.

Esta es al menos la tesis que sostiene la psicóloga, filósofa y socióloga de origen polaco Alice Miller (1923-2010) que durante los primeros años de su trayectoria profesional como terapeuta practicó el psicoanálisis, para después abandonarlo a partir de la década de los 80, al considerar que este no explicaba nada, más bien todo lo contrario, encubría en la mente de los pacientes las verdaderas causas que provocan su sufrimiento.

Descubrir, a través de la indignación y con la ayuda de algún “testigo de conocimiento” que acompañe a la víctima en su edad adulta a enfrentarse a sus bloqueos de la infancia, es la clave para la liberación y la curación de miles de personas que, de pequeños, sufrieron maltrato. Cualquier tipo de maltrato, desde los cachetes, hasta las palizas o la forma más brutal de éste, las de carácter sexual.

Según Miller, más del 90% de la población mundial ha sufrido malos tratos durante su infancia. Sólo en la medida en que los terapeutas ayudan a sus pacientes a enfrentarse con su pasado, podrá erradicarse o, al menos reducirse considerablemente, la violencia en el mundo. Miller conocía muy bien estas situaciones, pues ella misma sufrió maltratos de niña.

Y es que el niño herido borra de su mente los recuerdos más traumáticos por una mera cuestión de supervivencia. Sin embargo, esos recuerdos quedan en su memoria, generando en la edad adulta no sólo trastornos sicológicos, sino desordenes o enfermedades físicas. En la medida que uno es capaz de recordar, dejarse atravesar por los sentimientos, y se desculpabilizar, esa liberación puede llegar. No es el perdón, al contrario de lo que nos han explicado, la causa de la sanación, sino el hecho de experimentar indignación una vez se ha caído en la cuenta de los maltratos recibidos, ya que muchos justifican a sus padres y madres incluso años después. “Recibí algunos palos que merecía y eso me ayudó”, solemos escuchar. Pues bien, eso es maltrato y debemos llamar a las cosas por su nombre. No justificar ni disculpar a los que nos trataron así, sino más bien señalarlos como los verdaderos culpables.

Pues bien, para Miller no existe ninguna justificación al cachete en los niños. Es más, esta práctica es contraproducente y lejos de conseguir el efecto buscado no hace sino generar rabia contenida en el niño que después, cuando sea mayor, deberá sacar y expresar contra sus semejantes, una vez goce del poder necesario para imponerse a los demás. Esta es la causa que genera tanto sufrimiento en el mundo de hoy. Sin embargo, son muchos los países que, aun hoy, permiten el maltrato infantil en los más pequeños, ya sea como consecuencia de factores culturales o religiosos.

La escuela es un buen lugar para detectar los maltratos y acompañar a las víctimas, dejándoles el espacio para expresarse y manifestarles nuestra comprensión y protección, denunciando a los padres cuando sea menester, sin importar lo que pueda suceder. Conviene pues que la dirección de los centros, los profesores, orientadores y psicólogos trabajen de forma coordinada para tratar de adelantarse a una petición de ayuda que, probablemente, casi nunca llegará.

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